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Hoy es un día con tal carga simbólica y real, 8 de marzo, que publicar un nuevo post en este blog colectivo de #redca supone un doble esfuerzo: primero, aportar unos nuevos posos que espero puedan surtir algún tipo de efecto; segundo, porque conviene continuar poniendo el acento en nosotras, en la responsabilidad y el compromiso que tenemos para hacer una sociedad más justa, más solidaria, más de todas y todos. Va por ellas. 

“Es de noche, viajan a la ciudad interminable, el fantasma de las equivocaciones les llama, notan en la nuca y en el cuello los dedos del frío, son suaves pero también hablan de las cabañas que nunca construyeron, de lo que no bailaron, de lo que dejaron sin hacer”. Esta cita del último libro de Belén Gopegui, “Existiríamos el mar”, conectó con una de esas preguntas a las que aún no he encontrado respuesta. Es una de las razones de este post: hacer una reflexión en “alto”, construir alguna pregunta que nos lleve a ciertas respuestas, o a nuevas preguntas que exploren otras respuestas, sobre los mundos de los “NO”, sobre esos aspectos que rechazamos en nuestra manera de hacer consultoría, sobre el poder que tiene el “NO” para convertirse en algún probable “SÍ”. 

Este tema, donde surge el NO, está siendo recurrente en este espacio colectivo de #redca. Habló Julen Iturbe-Ormaetxe en “Cuando el cliente no lleva la razón”, en Decir que no en consultoría, en Pragmatismo: ¿haces lo que (no) deberías hacer? y lo hizo también Naiara Pérez de Villarreal en Confianza, conocimiento y límites en la consultoría artesana. Muchas veces, para poder explicar qué somos o qué queremos ser, nos apoyamos con firmeza en aquello que entendemos que “no queremos”, para establecer esos límites. El “NO” tiene más fuerza de la que parece. 

Cabalgamos con firmeza sobre los lomos conocidos de nuestros “sí” en nuestros proyectos. Nos dan seguridad, certezas, nos llevan por senderos recorridos en otros momentos, con otras compañías, nos miran con la confianza de todo lo que nuestra experiencia y nuestras experiencias nos dieron. Los “sí” son esos espacios por los que probablemente nos reconozcan y nos sitúen en eso que se llama la reputación, que es una mezcla de satisfacción, cierta admiración y, por qué no, unas dosis de éxito y un ego construido a base de resultados positivos. Esos “sí” son “lo que sabemos hoy” que aprendimos en el ayer y nos los llevamos al mañana en nuestra caja de herramientas con las que tratamos de resolver problemas, retos o situaciones que nos plantean nuestros clientes en sus proyectos. Después viene nuestra dedicación, nuestras “formas artesanas” de trabajar con las personas, con sus valores y con lo que queremos que suceda. Siempre desde el “sí”. 

Quiero, en cambio, pensar en aquello, que, como nos lanza Belén Gopegui, hemos dejado de lado, aquello que nos apartaron, que nos quitaron de las manos, que dejamos a un lado, con aquel “por ahí NO”, con la señal en rojo de prohibido, con los “eso NO toca”, con esos espacios que no nos permitieron recorrer ni explorar, con aquellos miedos que habitan en los proyectos, con esos espacios ocultos que a fuerza de negar la luz de las preguntas, jamás vieron siquiera un túnel en algún punto de su historia. Quiero mirar a esos puntos, a esos silencios con respuestas que no quieren ser expresadas ni apuntadas. 

Son estos espacios, los límites que nos ponemos y que se nos ponen, los que muchas veces encierran dinámicas que nos podrían abrir caminos nuevos que transformen, que desanuden nodos que parecen irresolubles o verbalicen cuestiones que se ocultan en nuestro interior sin la oportunidad de darles una salida. Si nos observamos en nuestros proyectos, reconoceríamos esos momentos, esas preguntas que no hicimos, esos puntos que en una propuesta decidimos no sacar o nos recomendaron no mencionar determinadas cuestiones. ¿Deberíamos forzarnos a ello?, ¿deberíamos orientar nuestros focos de luz a esos agujeros negros?, ¿nos conviene como consultoras arriesgarnos a explorar “el mundo de los “NO”? 

Siento curiosidad por estos espacios, por estos momentos “críticos” que albergan algo que, quiero pensar, pueden ayudar a nuestros proyectos y a nuestro oficio. De la misma manera que una psicóloga explora en esos aspectos de la personalidad de “la verdad”, estos “NO” tienen un punto de análisis, exploración y complicidad. No los veo con la desfachatez del atrevimiento rebelde, ni siquiera con la provocación, sino más bien como la inocencia de la mirada limpia de nuestro trabajo y la simple y básica pregunta del “¿Y si…?”. Sentimos, creo hablar en nombre de todo este colectivo, que la diversidad, la diferencia, lo distinto, lo distante, son también caminos que nos ayudan a transformar proyectos y a ofrecer nuevas soluciones precisamente porque en estos aspectos hay algo de los “NO” que convive ahí.

Estoy explorando recientemente aspectos que tienen que ver con eso denominado “Complex Problem Solving (CPS)” porque de alguna manera en sus enunciados y en sus procesos aparecen siempre estas partes inexploradas para completar una información necesaria para resolver situaciones que emergen en organizaciones, personas, proyectos, etc. Es esta complejidad la que camina probablemente por los espacios de los “NO”. Siento también una enorme curiosidad por explorar y situarme en eso que se denomina “liminalidad”, como un “espacio identificado que se considera intermedio, está en un estado de transición”, aquello que “es cuando no se está ni en un sitio ni en otro,…, es estar en un umbral, entre una cosa que se ha ido y otra que está por llegar”. Son estos espacios donde conviven las dudas con alguna certeza, donde cohabitan el sí y el NO, donde se da algo que no es conocido ni reconocido. 

Cierto. No tengo respuestas. Ya lo avisé al inicio, pero son las preguntas que llevan incorporadas los “NO”, consciente o inconscientemente, a las que también deberíamos prestar un poco más de atención. ¿No os parece? 😉 

Juanjo Brizuela
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